intolerancia a la lactosa

intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa se define como la incapacidad de digerir la lactosa. Los síntomas comienzan después de una ingesta superior de lactosa de la que se tolera.

¿QUÉ ES LA INTOLERANCIA A LA LACTOSA?

La lactosa es un disacárido compuesto por dos azúcares simples, glucosa y galactosa que encontramos en la leche. La digestión de la lactosa se lleva a cabo en el intestino delgado a través de la lactasa, una enzima encargada de digerir la lactosa en azúcares más pequeños. Cuando la lactosa no se puede digerir, va avanzando a lo largo del intestino y es fermentada por la flora bacteriana en el colon, provocando así, dolor abdominal, diarrea, etc.

La intolerancia a la lactosa se produce cuando la enzima lactasa no esta presente o se encuentra en poca cantidad, lo que dificulta la absorción de la lactosa.

SÍNTOMAS DE LA INTOLERANCIA A LA LACTOSA

La aparición de los síntomas dependerá en gran medida de la tolerancia del individuo y de la ingesta de lactosa. Los síntomas más comunes son:

  • Dolor abdominal
  • Distensión abdominal
  • Cólico
  • Diarrea
  • Meteorismo
  • Sonidos intestinales frecuentes

RECOMENDACIONES NUTRICIONALES

Cuando nos diagnostican una intolerancia, en este caso, intolerancia a la lactosa, surge el dilema acerca de lo que se puede comer y qué no. Hay que tener en cuenta que no todas las personas tienen el mismo grado de intolerancia, por eso hay que estudiar su caso en particular.

Además de la leche y sus derivados, existen gran variedad de productos procesados que debemos evitar, ya que contienen lactosa o trazas en su composición, por eso es importante la educación nutricional.

No obstante, una alternativa válida para intolerantes a la lactosa, es el consumo de leche sin lactosa. Estos productos siguen conteniendo lactosa en su composición , lo que ocurre es que se les añade lactasa, la enzima que se encarga de la digestión de la lactosa.

En cuanto a los yogures, hay que tener en cuenta que no contiene lactosa o su concentración es mínima debido a, que los microorganismos presentes digieren la lactosa. En el caso de los quesos, los quesos menos grasos, tienen mayor concentración de lactosa que aquellos con menor contenido en agua. El consumo dependerá de la tolerancia de la persona.

EL CALCIO Y LOS LÁCTEOS

El tridente, lácteos, calcio y huesos son conceptos que han mantenido una estrecha relación durante décadas. Todavía sigue existiendo cierta preocupación sobre la ausencia del consumo de lácteos y la salud ósea.

Es cierto, que los lácteos son una buena fuente de calcio pero existen otras fuente de calcio que presenta un porcentaje de absorción mayor que la de los lácteos. Se describen a continuación:

  • Verduras de hoja verde: espinacas, brócoli, grelos, contienen de media entre 100 -200 mg de calcio por cada 100 g. La mejor manera de preservar el calcio es cocinadas al vapor.
  • Semillas y frutos secos: almendras, pistachos aportan entre 100 -150 mg de calcio por 100 g. Las semillas de sésamo contienen alrededor de 600 mg por 100g de calcio.Por lo que resulta interesante añadir diariamente un puñado de frutos secos.
  • Legumbres: en este grupo, destaca la soja y los garbanzos. El tofu, derivado de soja contiene de 250 -300 mg de calcio en 100 g.
  • Pescado azul: destacan las especies pequeñas, en las que consumimos las espinas como las sardinas, boquerón, anchoa. Además constituyen una fuente de vitamina D. Aportan entre 200 -400 mg de calcio por 100 gramos.
  • Marisco: En el caso de las gambas y langostinos, aportan 100 mg por cada 100 g de producto.
  • Algas: Su reciente tendencia al consumo,

No hay que olvidar que para la absorción del calcio necesitamos vitamina D, cuya fuente dietética son los lácteos enteros o los pescados azules, aunque la mayor síntesis se da a través de la exposición solar.

Si necesitas ayuda con tu alimentación, estaremos encantadas de ayudarte.

Puedes contactar llamando al 975 708 608 o escribiendo a consulta@nutricionmartajimenez.com

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